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Leyes biológicas

Lo que para la oruga es el fin del mundo, en realidad es una bellísima mariposa. Lao Tsé.

Vaya, solo una frase para entender que todo depende de tu punto de vista, esto nos da pié para poder iniciar el conocimiento de la nueva medicina. Hace varios años ya, el Dr. Ryke Hamer, un médico alemán,  seis meses después de perder a su hijo en la guerra, desarrolla un cáncer de testículo, que le da la oportunidad de a través de su tratamiento, de estar en contacto con pacientes con diversos cánceres y así iniciar su gran investigación, que daría un giro completo a la visión de la medicina como la conocemos actualmente.

Uno de sus principales descubrimientos, es que todos los pacientes con cáncer habían vivido un acontecimiento traumático, difícil, que no lo habían externado y que no había tenido solución aproximadamente 6 meses antes de la aparición de esta enfermedad. Esto lo lleva a plantear unas hipótesis que posteriormente se convierten en leyes biológicas que basan la teoría de la nueva medicina germánica:

 

Primera Ley: La ley de hierro del cáncer.

Esta dice que “Toda enfermedad es causada por un trauma emocional que nos coge desprevenidos, a contrapié, un trauma que vivimos en soledad y que no sabemos cómo resolver”. La intensidad del trauma, la “connotación” de la emoción sentida cuando se ha producido, determinan el área del cerebro afectada, el órgano físico correspondiente y la gravedad de la enfermedad.”   P.17 “La medicina patas arriba, ¿y si Hamer tuviera razón?

Esto no es más que: todas las enfermedades se originan a raíz de un conflicto vivido como un trauma, de modo inesperado, sin poder verbalizarlo y sin solución aparente. El cerebro, la mente y el cuerpo forman una triada que se ve afectada por los conflictos. Al no poder resolver el conflicto en el instante que se presenta, la mente registra el conflicto que presenta ciertas características específicas, como pueden ser de miedo, injusticia, etc. Al llegar esta información al cerebro, se registra el nivel de estrés que esto produce y si no hay solución, el cerebro va a mandar la orden de poner solución a ese conflicto a través de una enfermedad, el órgano afectado dependerá de la característica específica del conflicto.

 

Segunda Ley: Las dos fases de la enfermedad “Nada existe sin su contrario”.

Todas las actividades humanas están controladas por el sistema nervioso, que se divide en dos: el sistema simpático y el parasimpático o vago. Cualquier enfermedad consta de dos fases, la primera fase es la del estrés y se denomina simpaticotonía porque entra en acción el sistema simpático. Consta desde que se presenta el conflicto hasta la resolución del mismo. La segunda fase va de la solución del problema a la vuelta a la normalidad, y se denomina vagotonía porque entra en acción el sistema parasimpático (vago).

La fase de simpaticotonía o el conflicto activo se vive en tres niveles diferentes:

– a nivel psíquico el paciente sigue rumiando su problema, está permanentemente estresado, pierde el hambre, adelgaza, tiene problemas para dormir y con frecuencia se despierta durante la noche, por lo general se tienen las manos y los pies fríos. En este continuo estado de alarma todas las energías están encaminadas a la superación del problema.

– a nivel cerebral: se produce en el cerebro una especie de cortocircuito que Hamer denominó “foco” y se observa, a través de un escáner cerebral, como pequeños anillos concéntricos en la zona cerebral que se encarga del  funcionamiento de un órgano determinado.

– a nivel físico: se produce una enfermedad en el órgano relacionado con el área cerebral en la que se produjo el “foco” o cortocircuito. Cabe mencionar que el cerebro sólo puede dar cuatro órdenes: hacer masa (tumores), hacer hoyos (lisis o úlceras), bloquear (una función) o desbloquear (una función), cada orden dependerá de la capa embrionaria de la cual se haya formado el órgano blanco.

La fase de vagotonía, se refiere a la recuperación y la reparación, comienza siempre y únicamente en el momento de la resolución del conflicto. Igual se vive en tres niveles:

  • A nivel psíquico: es cuando nos sentimos “aliviados”. El conflicto ha sido resuelto. El estrés desaparece, el apetito y el sueño se recuperan, las manos y pies regresan a su temperatura habitual.
  • A nivel cerebral: en el área donde se produjo el “cortocircuito” se forma un edema de reparación formado por sustancias nutritivas que tienen la misión de revitalizar las células cerebrales y “restaurar” el cortocircuito. Una vez terminada la reparación del cerebro y el órgano correspondiente, el edema no tiene razón de ser, así que se reabsorbe, a través de lo que llamamos “crisis epileptoide”, que no es más que una pequeña simpaticotonía dentro de esta vagotonía. Tiene por misión certificar que el conflicto está realmente resuelto, si así es, el edema inicia su reabsorción en una fase de diuresis. En caso contrario, habrá recaídas y resoluciones falsas que pueden llevar a la formación de un pequeño quiste cerebral en el lugar del edema.
  • A nivel físico: Desde el inicio de esta etapa la enfermedad se detiene y el cerebro se repara, pero el cuerpo no termina de recuperar su funcionalidad hasta después de la crisis epileptoide. En esta fase, todas las energías se dirigen a la reparación cerebral y física, pueden presentarse estados febriles, dolores difusos o localizados y puede presentar un gran cansancio. Esta etapa es importante respetarla, ya que no debe perder energía de reparación valiosa en regresar a trabajar y a las actividades cotidianas. Todos los estados inflamatorios son reparaciones, incluidas las enfermedades infecciosas. En algunos casos la fase de reparación es más dolorosa y complicada que la fase del conflicto activo.

 

Tercera Ley: El sistema ontogenético de los tumores y de las enfermedades equivalentes “más allá de la complejidad todo es simple”.

Cuando se habla de ontogénesis quiere decir a la vida embrionaria del individuo y cuando hablamos de enfermedades equivalentes nos referimos a todas las enfermedades que no sean tumores.

Primera etapa en la evolución:

Para entender esta ley hay que remontarse a la aparición de la primera célula en nuestro planeta.  Los primeros seres unicelulares, tuvieron que integrar en su cerebro programas biológicos de supervivencia que los ayudaba a superar todos los obstáculos a los que se tuvieron que enfrentar en los diferentes ambientes en los que se desarrollaron. Lo primero que tuvieron que hacer las células para sobrevivir fue respirar, comer, eliminar y reproducirse.

Estas adaptaciones se transmiten de generación en generación durante los dos primeros meses de gestación, el feto encarna toda esta memoria desde el comienzo de la vida hasta nuestros días.

Lo que ocurre en el vientre materno en cierto modo recorre todos los pasos en la evolución, de organismo unicelular a pluricelular, etc.  A partir del noveno día de gestación, aparecen tres capas embrionarias llamadas, endodermo, mesodermo y ectodermo, que son las que darán origen a todos los órganos del cuerpo.

Los  primeros órganos que se desarrollan son los llamados arcaicos,  derivados del endodermo, los esenciales para la respiración, la digestión, la excreción y la reproducción. Los conflictos que pueden afectarle al hombre moderno, de este primer estadio de evolución, son los relacionados al ¡bocado!, sí,  en efecto, a lo que “me como”, “respiro”, que tengo que “tragar” y “expulsar” (nutrirse, respirar y eliminar). El ¡bocado! puede ser, literalmente la comida, pero puede ser en sentido figurado: “me cortan el suministro”, como en el caso de un divorcio, un despido, estudiantes que ya no les dan pensión los padres, etc. Estos conflictos se trataran, entonces, de no poder atrapar el bocado, no poder tragarlo, no poder digerirlo y, por último, no poder expulsarlo.

Los órganos que se enfermarán si hay conflicto de bocado, serán los que se encarguen físicamente de la respiración, digestión, excreción y reproducción (endometrio y próstata).

Segunda etapa de la evolución:

En esta etapa hacemos referencia del paso del medio acuático al terrestre.  Aquí nos encontramos con el conflicto de la protección.  En el vientre materno encontramos que el mesodermo se está desarrollando plenamente, del cual derivan todas las membranas de protección: dermis, pleura, pericardio y etc. Aquí encontramos todos los conflictos relativos al temor de vernos agredidos, de sufrir una agresión contra nuestra integridad física a la altura del tórax, de la cavidad abdominal, del corazón. También todos los conflictos relativos a sentirse de algún modo afectado en nuestra integridad moral, “manchados”, ataques que se verán reflejados en la piel en forma de manchas o melanomas. Todos los conflictos de separación se manifiestan en la piel.

Tercera etapa de la evolución:

En esta etapa entra en juego el movimiento, explorar el ambiente. Para lograrlo deberá el organismo desarrollar un esqueleto, músculos, tendones y todo cuanto haga posible el movimiento. En el vientre materno inicia la aparición del mesodermo nuevo y la médula cerebral.  Al haber movimiento, el individuo sale a conocer y explorar y empieza una especie de comparación ante los otros organismos que encuentra, resultando de aquí una “propia valoración”, que si el otro organismo al que se enfrenta es más débil se volverá una autovaloración, si es más fuerte será una autodesvalorización. En esta etapa se encuentran todos los conflictos de desvalorización y van a recaer en los huesos, músculos, tendones y todo lo que hace posible el movimiento.

Cuarta y última etapa de evolución:

Esta etapa comprende todo lo que se refiere a comunicación con los demás. Los individuos ya salieron a explorar, ya “midieron fuerzas” y ahora inicia el intercambio dentro de la comunicación. Se refinan los órganos sensoriales. En el vientre materno los órganos sensoriales se desarrollan así como los “conductos de unión” entre los diferentes órganos: retina, epidermis, laringe, esófago, mucosas de la nariz y de la boca, arterias coronarias, conductos biliares, etc., aparte del sistema nervioso y de los nervios motores. Todos los órganos anteriores derivados del desarrollo del ectodermo. Dentro del cerebro se forma ya la corteza cerebral. Aquí cobra importancia todo lo que sucede a nuestro alrededor, y pareciera inevitable el relacionarnos con todo el medio externo, principalmente los otros individuos.

El cerebro ejecuta siempre la solución más inmediata y eficaz para resolver biológicamente una situación de mucho estrés de la cual el individuo no sabe cómo salir.

 

Cuarta Ley: “El sistema ontogenético de los microbios.

Contrariamente a lo que se creía, los microbios son nuestros aliados, son ellos los que van a reparar los daños durante la fase de vagotonía. El cerebro manda la orden a los hongos, virus o bacterias, solicitando intervengan según la reparación que se deba realizar.

Según esta cuarta ley, los microbios trabajan sólo en la segunda fase de la enfermedad, es decir, en la vagotonía. Se activan en el momento de la solución del conflicto e incluso una vez producida la reparación, pasan a ser inactivos. Al destruirlos retardamos la fase de reparación que se produce inmediatamente después de la resolución del conflicto.

“Los microbios se subdividen según el origen embrionario de los tejidos. Todos los microbios llegan, proliferan y desaparecen para favorecer la reparación según una lógica muy concreta en sincronía con nuestro cerebro y nuestro cuerpo, proliferando o muriendo dependiendo del tipo de patología, de los órganos afectados y del trabajo que tienen que desarrollar: eliminar o reconstruir. Forman parte del programa biológico de la naturaleza. Los hongos y las microbacterias son “barrenderos” que limpian los tumores situados en los órganos derivados del endodermo y regidos por el tronco encefálico y, los tumores de los órganos derivados del mesodermo cerebelar, por el cerebelo; más concretamente desarrollan una acción de caseificación: “roen”, por así decir, el tumor.” P. 48 “La medicina patas arriba. ¿Y si Hamer tuviera razón?”

Las bacterias desempeñan tanto la función de “barrenderos” como de “restauradores” (mesodermo cerebelar o mesodermo de la medula cerebral) y los virus colaboran en la reconstrucción de los órganos de origen ectodérmico regidos por la corteza cerebral.

 

Quinta ley: “La ley de la quintaesencia”

“Todos los comportamientos del hombre (y por tanto las enfermedades) están determinados por programas especiales de supervivencia grabados en el cerebro desde la noche de los tiempos.”

La solución biológica del cerebro, para sobrevivir, es la enfermedad. Cada organismo vivo posee un cerebro mas o menos desarrollado, capaz de captar inconscientemente las informaciones que provienen del mundo que lo rodea. Cada célula, cada parte que constituye el cuerpo humano, trabaja armónicamente y para bien, en base a una comunicación permanente a diferentes niveles. Como diferentes instrumentos orquestados por el cerebro. Toda información percibida, consciente o inconscientemente, será transmitida a la central de mando que es el cerebro.

La enfermedad siempre tiene un sentido, es útil, necesaria y vital para el ser humano y para la supervivencia de las especies.

By | 2017-06-05T10:01:29+00:00 junio 5th, 2017|Blog|0 comentarios

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